Edición 21 Parte 2 América Central y Andina

Yogurt (Parte 2)

Viabilidad y Funcionalidad de Cultivos Lácticos y Probióticos

En la primera parte de esta edición abordamos los factores tecnológicos que influyen en la viabilidad de las bacterias de Streptococcus thermophilus y Lactobacillus bulgaricus en yogurt. En esta segunda parte, ampliaremos el análisis hacia la supervivencia de las cepas probióticas más relevantes en la actualidad, explorando su comportamiento en matrices lácteas y su papel funcional cuando son agregadas en la formulación de yogurt.

Incorporación de probióticos en el yogurt

En la actualidad, numerosos productos lácteos fermentados, como el yogurt, no solo contienen cultivos iniciadores tradicionales, sino que incorporan diversas cepas de bacterias probióticas. Estas bacterias, añadidas en el momento de iniciar la fermentación, mantienen su viabilidad y actividad biológica en el producto final, lo cual permite su potencial efecto beneficioso en el consumidor.

El término “probiótico”, derivado del griego y que significa “a favor de la vida”, se refiere a microorganismos vivos que, cuando se administran en cantidades adecuadas, confieren beneficios para la salud del huésped. Para que un microorganismo sea considerado un probiótico verdadero, debe cumplir ciertos criterios: estar vivo al momento de su ingestión, ser capaz de ejercer un efecto positivo en la salud demostrado clínicamente, y ser consumido en una dosis suficiente.

El interés científico por los probióticos ha crecido significativamente en las últimas décadas, en paralelo con el avance en el estudio de la microbiota intestinal. El cuerpo humano alberga aproximadamente 37 billones de células humanas, pero es superado en número por el microbioma humano, compuesto por cerca de 100 billones de células microbianas que representan más de 1.500 especies distintas y codifican alrededor de 10 millones de genes no humanos. La microbiota gastrointestinal constituye la mayor parte de este ecosistema microbiano y desempeña un papel crucial en la salud humana, interactuando estrechamente con el sistema inmunológico y otros procesos fisiológicos.

Diversos estudios clínicos han demostrado que los probióticos pueden contribuir a la salud gastrointestinal y al fortalecimiento de la función inmunológica. Sin embargo, sus efectos son altamente específicos a nivel de cepa, lo cual implica que no se pueden generalizar los beneficios observados en una cepa a toda la especie. Por ello, es esencial documentar las características, seguridad y eficacia de cada cepa probiótica de forma individual, como es el caso de Bifidobacterium animalis subsp. lactis (BB-12®), Lactobacillus paracasei subsp. Paracasei (L. CASEI 431®), Lactobacillus acidophilus (LA-5®) y Lactobacillus rhamnosus (LGG®) que por cierto es el probiótico más documentado y con el mayor número de estudios clínicos rigurosos a nivel mundial.

Para que un producto sea considerado realmente probiótico, debe garantizar la presencia de bacterias vivas en concentraciones efectivas (habitualmente del orden de 109 UFC por porción diaria) durante toda su vida útil. La formulación de productos como los desarrollados bajo la línea nu-trish® busca optimizar la textura, el sabor y los recuentos celulares, pero el cumplimiento de estos objetivos depende de múltiples factores interrelacionados.

A continuación, se describen los factores críticos para preservar la supervivencia de las bacterias probióticas. Cabe destacar que estos requerimientos son semejantes a los de las bacterias iniciadoras, sin embargo, existen algunos adicionales a tener en cuenta para garantizar los conteos de estos.

Factores que afectan la viabilidad de las cepas probióticas

La estabilidad de las bacterias probióticas en productos fermentados está influida por variables intrínsecas (tipo de cepa, composición del medio, metabolismo) y extrínsecas (temperatura, pH, oxígeno, empaque, almacenamiento). Entre las condiciones más determinantes se encuentran la temperatura de fermentación, el nivel de proteína de la leche y el pH final, que condiciona la supervivencia bacteriana durante la conservación.

En el caso del BB-12® (Bifidobacterium animalis subsp. lactis), su crecimiento se ve favorecido en bases lácteas con alto contenido de proteína ejerciendo un efecto tampón que retrasa la acidificación y reduce la pérdida de viabilidad, igualmente es importante tener en cuenta quesiempre se requiere que sea inoculado junto a un cultivo fermentador para el desarrollo y estabilidad del BB-12®, cuando el pH del yogurt desciende por debajo de 4,2 se observa una aceleración en la pérdida poblacional de esta cepa. Por ello, se recomienda emplear cultivos con baja post-acidificación, a fin de preservar la viabilidad del probiótico durante la vida útil del producto.

En cuanto a su estabilidad a temperatura de refrigeración (~6°C), BB-12® ha demostrado una reducción poblacional inferior a un logaritmo en un periodo de 42 días. Además, esta cepa presenta una resistencia relativa al oxígeno y mantiene su estabilidad bajo condiciones controladas, lo cual la convierte en una opción robusta para su incorporación en productos lácteos fermentados.

LGG® (Lactobacillus rhamnosus) presenta adaptabilidad térmica, con crecimiento eficiente entre 22 y 43°C y compatibilidad con la mayor parte de los cultivos fermentadores incluso soporta condiciones de pH bajo. Puede aumentar su recuento durante el almacenamiento a temperaturas elevadas, aunque tiende a disminuir ligeramente hacia el final de la vida útil. Su impacto sobre la postacidificación varía según el cultivo y la temperatura de almacenamiento siendo casi nula en condiciones típicas de refrigeración por debajo de los 13°C. Además, la producción de diacetilo contribuye a un perfil sensorial cremoso en el yogurt.

La cepa L. CASEI 431® (Lactobacillus paracasei) evidencia una alta dependencia térmica, con crecimiento óptimo entre 38–39°C, a temperaturas mayores su viabilidad disminuye. A pesar de que su crecimiento puede ser moderado, su estabilidad se mantiene durante la conservación y aporta un matiz cremoso por producción de diacetilo.

En contraste, LA-5® (Lactobacillus acidophilus) aunque es capaz de crecer durante el proceso de fermentación, presenta una alta sensibilidad al oxígeno, lo cual compromete su estabilidad. Por ello, seleccionar un material de empaque adecuado resulta crucial para preservar la viabilidad de este probiótico. Esta bacteria puede contribuir a la producción de ácido cuando se almacena a temperaturas elevadas.

Consideraciones tecnológicas y metodológicas

El desarrollo de un nuevo producto probiótico debe partir de la identificación del beneficio deseado y el grupo objetivo, seguido de la selección de la cepa con respaldo clínico y el cálculo del nivel de inoculación necesario para alcanzar la dosis efectiva. La formulación debe equilibrar la composición de la matriz láctea, las condiciones de fermentación y almacenamiento, y la elección de materiales de empaque que minimicen la exposición al oxígeno.

Asimismo, la enumeración selectiva de las cepas es fundamental para garantizar su presencia en niveles adecuados. Los métodos deben ser basados en normas IDF/ISO y otros validados para la cuantificación de las cepas de L. rhamnosus, Bifidobacterium, L. paracasei y L. acidophilus.

Referencias

  • Chr. Hansen A/S. (2024). Technical documentation of nu-trish® cultures and probiotic strains.
  • Chr. Hansen A/S. (2019). The science behind Lactobacillus rhamnosus, LGG®.
  • Journal, 19(12), 863–872. https://doi.org/10.1016/j.idairyj.2009.08.003

HA-LA BIOTEC

Autor: Wilfredo Parra
Coordinación y Edición: Raquel Chiliz
Consultoría: Natalia Goes y Michael Saito
Edición gráfica: Cia da Concepção

Este boletín es una comunicación entre empresas sobre ingredientes para bienes de consumo. No está destinado a consumidores de bienes de consumo final. Las declaraciones presentes en este documento no son evaluadas por las autoridades locales. Cualquier reclamo realizado en relación con los consumidores es responsabilidad exclusiva del comerciante del producto final. El comerciante debe realizar sus propias investigaciones legales y de adecuación para garantizar que se cumplan todos los requisitos nacionales.

Read More

Edición 21 Home América Central y Andina

Yogurt (Parte 1)
Viabilidad y Funcionalidad de Cultivos Lácticos y Probióticos

El yogurt es uno de los productos fermentados más antiguos y consumidos en el mundo, con una historia que se remonta a más de 4000 años. Su origen se encuentra en las prácticas de conservación de la leche por fermentación espontánea. A lo largo del tiempo, este alimento ha evolucionado desde una preparación artesanal hasta convertirse en un producto funcional respaldado por la ciencia y regulado por las normas de cada país.

Edición 21 América Central y Andina

Yogurt (Parte 1)

Viabilidad y Funcionalidad de Cultivos Lácticos y Probióticos

El yogurt es uno de los productos fermentados más antiguos y consumidos en el mundo, con una historia que se remonta a más de 4000 años. Su origen se encuentra en las prácticas de conservación de la leche por fermentación espontánea. A lo largo del tiempo, este alimento ha evolucionado desde una preparación artesanal hasta convertirse en un producto funcional respaldado por la ciencia y regulado por las normas de cada país.

La fermentación del yogurt moderno se basa en la acción sinérgica de dos bacterias lácticas: Streptococcus thermophilus y Lactobacillus delbrueckii subsp. bulgaricus. Estas transforman la lactosa en ácido láctico y contribuyen al desarrollo de la textura, sabor y otras cualidades sensoriales del yogurt.

En formulaciones funcionales se incorporan cepas probióticas como Lactobacillus rhamnosus, Bifidobacterium, Lactobacillus paracasei y Lactobacillus acidophilus, reconocidas por sus beneficios clínicamente comprobados por numerosos estudios en la salud intestinal y el fortalecimiento del sistema inmunológico. Estas bacterias se han convertido en componentes clave para el desarrollo de productos que promueven el bienestar humano.

En este texto se expondrá el papel de estas bacterias en el yogurt, los factores que afectan su viabilidad durante la fabricación y el almacenamiento hasta su consumo.

Historia y evolución del yogurt

La fermentación de la leche es una práctica ancestral presente en diversas culturas, utilizada tanto para conservar alimentos como para mejorar su valor nutricional. En la región de Tracia (actual Bulgaria) el yogurt era considerado un alimento esencial, al que se le atribuían propiedades medicinales. A comienzos del siglo XX, el microbiólogo ruso Ilya Mechnikov, pionero en el estudio de la inmunidad celular, propuso que el consumo habitual de yogurt contribuía a la longevidad de los campesinos búlgaros. Esta observación impulsó el interés científico por los microorganismos lácticos y su impacto en la salud humana.

Con el desarrollo de la microbiología, se identificaron las bacterias responsables de la fermentación láctica: S.thermophilus y L.bulgaricus. Estas especies fueron seleccionadas por su capacidad de producir ácido láctico, mejorar la textura del producto y generar compuestos aromáticos como acetaldehído, acetoina, diacetilo, entre otros que aportan al perfil sensorial del yogurt.

Funcionalidad de las bacterias en el yogurt

El S.thermophilus es una bacteria grampositiva, termófila, homofermentativa y catalasa negativa, perteneciente al grupo de los estreptococos lácticos. Se caracteriza por fermentar lactosa y transformarla en ácido láctico, lo cual contribuye a la acidificación del medio. Gracias a su tolerancia a las condiciones iniciales de la leche como el pH neutro y la presencia de oxígeno, esta especie inicia el proceso fermentativo, generando un entorno más ácido que favorece el crecimiento de L.bulgaricus que es una bacteria grampositiva, bacilar, termófila y altamente acidificante, cuyo crecimiento óptimo ocurre a pH bajo. Esta especie descompone las proteínas de la leche, liberando péptidos y aminoácidos que estimulan el crecimiento de S.thermophilus, estableciendo una relación simbiótica entre ambas. Esta cooperación metabólica permite que ambas bacterias se beneficien mutuamente, manteniendo su actividad fermentativa.

Al final del proceso, la producción conjunta de ácido láctico por ambas especies incrementa la acidez de la leche, provocando su coagulación y dando lugar a la textura firme y las propiedades sensoriales del yogurt.

Streptococcus thermophilus

Lactobacillus bulgaricus

Aspecto legal

El Codex Alimentarius establece que el yogurt debe contener cultivos vivos, activos y en cantidades suficientes de S.thermophilus y L.bulgaricus hasta la fecha de duración mínima del producto.

En términos generales, las regulaciones vigentes en distintos países de la región coinciden en exigir una concentración mínima de 1×106 UFC/g (unidades formadoras de colonias por gramo) de bacterias lácticas viables al final de la vida útil del yogurt, con el fin de garantizar sus propiedades tecnológicas y funcionales.

Factores que afectan la viabilidad bacteriana

La viabilidad de los cultivos iniciadores en la elaboración de yogurt, específicamente S.thermophilus y L.bulgaricus, está determinada por factores intrínsecos de la materia prima y por las condiciones del proceso tecnológico. La composición de la leche, en particular la disponibilidad de azucares como la lactosa, proteínas y minerales influye directamente en el crecimiento y la actividad metabólica de estas bacterias ácido-lácticas. En el ámbito industrial, la producción de yogurt se lleva a cabo mediante una secuencia de operaciones unitarias que aseguran la calidad microbiológica, fisicoquímica y sensorial del producto final. Estas etapas comprenden la estandarización de la base láctea, tratamiento térmico, homogenización, inoculación con cultivos iniciadores, fermentación controlada, envasado, enfriamiento y almacenamiento. Cada una de estas fases representan puntos críticos que pueden afectar la supervivencia y funcionalidad de las bacterias del cultivo.

Tratamiento térmico (pasteurización)

Durante el ordeño y las primeras fases de recolección, la leche puede adquirir una carga microbiana nativa que debe ser eliminada para evitar competencia con las bacterias del cultivo láctico. Para ello, se aplica un tratamiento térmico de pasteurización aproximadamente a 95°C durante 5 minutos. Este proceso reduce significativamente la población microbiana indeseada, permitiendo que S. thermophilus y L.bulgaricus se desarrollen de manera eficiente en la fermentación.

Concentración e inoculación del cultivo

Durante la etapa de incubación, es esencial que el cultivo láctico presente una alta concentración de bacterias viables al momento de la inoculación. Esta densidad inicial cumple varias funciones clave:

  • Garantiza el cumplimiento del conteo mínimo requerido de S.thermophilus y L.bulgaricus (1×106 UFC/g) al final de la vida útil del producto.
  • Favorece el crecimiento eficiente de las cepas seleccionadas, lo que contribuye a una fermentación más controlada y efectiva.
  • Reduce el riesgo de proliferación de microorganismos no deseados, que podrían alterar las propiedades sensoriales y microbiológicas del yogurt.
  • Fortalece la resistencia frente a la acción de los bacteriófagos durante el proceso de fermentación, reduciendo su incidencia y favoreciendo un desarrollo estable.

Por lo tanto, es fundamental que el proveedor de cultivos asegure una concentración bacteriana adecuada para el proceso, idealmente superior a 1×1010 UFC/g, ya que en la actualidad diferentes marcas comerciales manejan concentraciones 100 veces menores lo cual compromete la eficacia del proceso, dejándolo vulnerable a factores externos y dificultando el cumplimiento de las funciones previamente descritas. Esta disminución podría afectar negativamente la fermentación, la estabilidad microbiológica, las características sensoriales y la calidad final del yogurt.

Temperatura y tiempo de fermentación

La fermentación del yogurt requiere condiciones térmicas estrictamente controladas. La temperatura óptima se sitúa entre 38°C y 43°C, rango en el cual las bacterias lácticas desarrollan su actividad metabólica de forma eficiente. Temperaturas superiores pueden inhibir su crecimiento, mientras que valores inferiores ralentizan el proceso fermentativo, afectando la velocidad de acidificación y las características organolépticas del producto.

El tiempo de fermentación constituye un parámetro crítico, periodos excesivamente prolongados pueden provocar sobreacidificación, lo cual compromete la textura del yogurt y reduce la viabilidad de las bacterias beneficiosas. Por tanto, es esencial establecer un equilibrio preciso entre temperatura y duración para obtener un producto con propiedades microbiológicas y sensoriales óptimas.

Presencia de bacteriófagos

Los bacteriófagos son virus especializados en infectar bacterias, y constituyen una amenaza crítica en la producción industrial de yogurt. Su presencia en las plantas de procesamiento puede provocar una disminución significativa en la concentración de bacterias lácticas viables, afectando directamente parámetros clave del proceso fermentativo como la velocidad de acidificación, la textura, el perfil sensorial y la estabilidad microbiológica del producto final.

En particular, S.thermophilus ha demostrado una mayor sensibilidad fágica, siendo blanco frecuente de fagos con alta virulencia. Esta susceptibilidad compromete su capacidad de producción de ácido láctico, lo cual repercute negativamente en el desarrollo de L.bulgaricus, cuyo metabolismo depende parcialmente de los metabolitos generados por S. thermophilus. Aunque L.bulgaricus presenta una menor incidencia de infección fágica, su viabilidad puede verse afectada indirectamente por la pérdida de equilibrio en la simbiosis metabólica entre ambas especies.

La interrupción de la simbiosis bacteriana puede generar productos con sobreacidificación, textura irregular o pérdida de sabor. Por eso, es crucial monitorear la presencia de fagos y aplicar protocolos de limpieza y desinfección para preservar la calidad del yogurt.

Viabilidad durante el almacenamiento

La temperatura de almacenamiento es un factor crítico para la viabilidad de las bacterias lácticas presentes en el yogurt durante su vida útil. Mantener el producto a temperaturas de refrigeración cercanas a los 4°C es esencial no solo para conservar sus propiedades organolépticas y fisicoquímicas, sino también para asegurar la supervivencia del S.thermophilus y L.bulgaricus.

Ambas especies presentan distintos niveles de tolerancia al estrés térmico, no obstante, en general el L.bulgaricus es más sensible a temperaturas elevadas que S.thermophilus, lo que se traduce en una reducción más pronunciada de su población cuando el yogurt se almacena a 10°C. Sin embargo, la tasa de supervivencia también depende de factores intrínsecos como la cepa específica utilizada, ya que algunas variantes muestran mayor resistencia a condiciones térmicas adversas.

Para mitigar la pérdida inevitable de bacterias durante el almacenamiento, es fundamental iniciar el proceso con una alta concentración bacteriana en la inoculación del cultivo (>1×1010 UFC/g). La selección de cepas robustas y una elevada carga bacteriana permiten alcanzar los conteos mínimos requeridos al final de la vida útil del yogurt, incluso bajo condiciones subóptimas.

Finalmente, el control estricto de la cadena de frío a lo largo de toda la distribución y comercialización es indispensable para preservar la viabilidad de los microorganismos y garantizar la calidad del yogurt.

Un aspecto importante que se observa en las gráficas a la izquierda es que, generalmente, la población inicial de L.bulgaricus es menor en comparación con S.thermophilus.

Esta diferencia no es aleatoria y, en muchos casos, se busca intencionadamente, ya que L.bulgaricus es responsable de la postacidificación del yogurt, lo cual puede generar un exceso de acidez que afecta negativamente la percepción sensorial del producto. Además, a valores de pH inferiores a 4.5, L.bulgaricus puede seguir acidificando el medio, debido a su tolerancia a niveles bajos de pH.

En esta primera parte se presentaron los diferentes factores que pueden influir en la viabilidad de las bacterias lácticas S.thermophilus y L.bulgaricus y los cuales deben ser cuidadosamente controlados para garantizar la calidad y características en el yogurt. En la segunda parte de esta edición, profundizaremos en la estabilidad de las bacterias probióticas, ampliando el análisis hacia cepas con beneficios clínicos y su comportamiento en matrices lácteas.

Referencias

FAO/OMS. (2003). Codex Alimentarius: Fermented milks (CODEX STAN 243-2003).

Tamime, A. Y., & Robinson, R. K. (2007). Yoghurt: Science and technology (3rd ed.). Woodhead Publishing.

Hamann, W.T., & Marth, E.H. (1984). Survival of Streptococcus thermophilus and Lactobacillus bulgaricus in commercial and experimental yogurts. Journal of Food Protection, 47(10), 781–786

HA-LA BIOTEC

Autor: Wilfredo Parra
Coordinación y Edición: Raquel Chiliz
Consultoría: Natalia Goes y Michael Saito
Edición gráfica: Cia da Concepção

Este boletín es una comunicación entre empresas sobre ingredientes para bienes de consumo. No está destinado a consumidores de bienes de consumo final. Las declaraciones presentes en este documento no son evaluadas por las autoridades locales. Cualquier reclamo realizado en relación con los consumidores es responsabilidad exclusiva del comerciante del producto final. El comerciante debe realizar sus propias investigaciones legales y de adecuación para garantizar que se cumplan todos los requisitos nacionales.

Read More

Edición 21 Home México

El impacto de la sal en quesos

La sal como ingrediente es clave en los quesos, cumple diferentes funciones y todas ellas importantes para lograr sabor y textura adecuadas, además de tener un impacto significativo en la conservación. La sal se añade a todos los tipos de queso al final del proceso de elaboración y ésta se puede añadir de diferentes formas.

Edición 21 México

El impacto de la sal en quesos

La sal como ingrediente es clave en los quesos, cumple diferentes funciones y todas ellas importantes para lograr sabor y textura adecuadas, además de tener un impacto significativo en la conservación. La sal se añade a todos los tipos de queso al final del proceso de elaboración y ésta se puede añadir de diferentes formas, a continuación, se describen los más utilizados:

  • Salado en masa: por incorporación y mezclado de la sal en la pasta previamente molida. Utilizado generalmente en quesos frescos y madurados mexicanos.
  • Por frotación de la superficie con sal fina, como en algunas versiones de queso tipo manchego y pasta hilada.
  • Por inmersión en salmuera (20% p/v) de las piezas.
  • Por métodos combinados.

Efecto de la adición de sal

El primer efecto de la sal es de conservación, junto con el pH, la temperatura, la actividad de agua (Aw) y el potencial redox, contribuye a la minimización del deterioro y la prevención del crecimiento de patógenos en el queso al aumentar la presión osmótica del medio, provocando principalmente la deshidratación de las bacterias, produciéndoles la muerte o previniendo su crecimiento y proliferación.

Otro de sus efectos es durante el proceso de maduración, promoviendo cambios físicos y químicos y regulando el crecimiento de organismos deseables, incluyendo las bacterias ácido-lácticas utilizadas en algunos quesos fermentados.

Así mismo durante el proceso de coagulación, la caseína atrapa otros componentes de la leche, como grasas, lactosa, minerales y agua. A menudo, atrapa más agua de lo que se desea en el producto final. Para eliminar este exceso de agua, la cuajada se presiona; sin embargo, el prensado por sí solo es insuficiente. Por ello, se utiliza la adición de sal para eliminar el agua del queso hasta alcanzar los niveles de humedad deseados. En general, esto impacta la textura y propiedades funcionales (fusión, estiramiento), la sinéresis y la humedad, y contribuye con las características de sabor. Incluso, para algunos tipos de queso, el salado crea una corteza dura que protege al queso durante la maduración y el transporte.

Para comprender mejor el efecto de la sal en la microbiología del queso es conveniente relacionar la concentración de ésta con el contenido de humedad de la masa ya que es un componente que se encuentra disuelto y las bacterias presentes realizan sus actividades metabólicas en este medio. De esta manera, un queso con 40% de humedad y 2% de sal en masa, realmente contendrá cerca de 5% de Sal/Humedad (S/H) en donde difícilmente se llevará acabo alguna actividad bioquímica derivada de microorganismos.

Efecto de la adición de sal en la textura

Para explicar mejor el efecto que tiene la sal en la textura del queso, es importante saber que, durante el proceso de salado, se produce un intercambio de Ca2+ por iones Na+ en las moléculas de paracaseína; esto hace que la cuajada sea más suave. Si el pH es inferior a 5,0, habrá más iones H+ que Ca2+ unidos a la molécula de paracaseína y, en consecuencia, habrá suficiente incorporación de iones Na+, dando lugar a un queso duro y quebradizo. Por el contrario, con pH superior a 5,8, habrá un exceso de iones Ca2+ vinculados a la molécula de paracaseína, causando una incorporación excesiva de Na+ en la molécula, lo que resulta en un queso más bien suave (Guinee y Fox, 2004). Microestructuralmente, los quesos salados tienen fisuras más homogéneas y pequeñas en comparación con los quesos sin sal (McMahon y Oberg, 1998). En resumen, las altas concentraciones de sal resultan en quesos duros, secos y quebradizos.

Reducción de sodio en quesos

La demanda actual de productos que garanticen la salud del consumidor es parte de las mega tendencias en el desarrollo de productos, dado que los consumidores son más cautelosos que nunca sobre lo que consumen y adoptan hábitos alimenticios que anteriormente se consideraban nicho. Un ejemplo de esto es la selección de productos alimenticios con bajos niveles de sal.

La reducción de sal en quesos es una alternativa clave para el mercado, sin embargo, derivado de la importancia de este componente en los quesos es indispensable realizar ensayos en los que se establezcan niveles de sal adecuados que impacten en la menor medida las propiedades físicas, químicas y sensoriales.

Uno de los mayores defectos asociados con la reducción de sodio, son los altos niveles de humedad, los cuales causan una textura más suave en el queso (Guinee, 2007). Como fabricantes, se pueden realizar diversos ajustes al proceso (disminuir tamaño de grano al corte, disminuir la firmeza de corte o aumentar la temperatura de cocción durante el proceso) para disminuir la retención de humedad en la cuajada. La selección del coagulante es clave para modificar estos parámetros y minimizar su impacto, evitando el desarrollo de sabor amargo por aumento en la proteólisis del coagulante residual (la especificidad del coagulante juega un rol importante en estos desarrollos).

Reducir la sal manteniendo las características sensoriales que los consumidores demandan puede ser un desafío. Los principales obstáculos a la hora de reducir la sal en el queso (además de la textura) es el desarrollo de sabor. 

La sal al ser un potenciador de sabor, intensifica las características de cada variedad de queso. Por lo que en productos reducidos en sodio un ajuste recomendable es la adición de cultivos secundarios/adjuntos que en conjunto con los cultivos iniciadores cumplen un papel muy importante en las reacciones bioquímicas asociadas a la maduración incrementando la concentración de compuestos solubles (sabor) y aromáticos para un perfil con mayor presencia.

La ruta proteolítica en la maduración puede considerarse de las más importantes que impactan los resultados del sabor y el aroma en todos los tipos de queso.

Como ya se ha mencionado, la sal afecta la microbiología del queso al aumentar la presión osmótica de su fase acuosa, donde el efecto clave es la inactivación de bacterias o impidiendo su crecimiento. El efecto de conservación del NaCl se debe a su efecto sobre actividad acuosa (aw). El aw de la mayoría de las variedades de queso no es lo suficientemente baja como para prevenir el crecimiento de levaduras, mohos y bacterias, y mucho menos lo es en productos reducidos en sodio. Sin embargo, en combinación con un bajo pH y una baja temperatura de almacenamiento y/o maduración, es suficiente para controlar el crecimiento microbiano y de patógenos.

Valores de S/H menores a 3,5% en el queso, presentan mayor potencial de crecimiento de cultivos con el riesgo de desarrollar sabor amargo, aumento en la proteólisis por coagulante residual y un rápido crecimiento de bacterias ácido-lácticas indeseadas que generan defectos de sabor y textura. Con valores de S/H mayores a 6%, se presenta inhibición del metabolismo de la lactosa por cultivos iniciadores, dando como resultado una maduración lenta con defectos de sabor y textura. Valores de S/H entre 4% y 6% presentan una alta probabilidad de obtener quesos aceptables en el mercado. Agarwal et al. (2011) reportan valores de S/H para queso cheddar comercial entre 4,1 y 4,3. Las reducciones de la sal que se desvíen del rango ideal de S/H podrían ocasionar cambios negativos en el crecimiento de cultivos benéficos durante la fabricación de queso (p. ej.: Lactococcus lactis ssp. lactis), así como un incremento de microorganismos patógenos (p. ej.: Listeria monocytogenes).

Los altos contenidos de sal no aseguran una adecuada inocuidad en el queso, ya que este puede tener una contaminación post proceso a causa de la mala manipulación y el uso de implementos inadecuados, como ocurre en la mayoría de los quesos artesanales.

La sal como componente de los quesos tiene varias funciones importantes, desarrolla adecuado sabor y textura, garantiza la conservación y la seguridad bacteriológica.

A tomar en cuenta

  • La sensibilidad de los cultivos iniciadores a la sal varía según las cepas utilizadas, pero Lactococcus lactis subsp. cremoris es generalmente más sensible al NaCl que Lactococcus lactis subsp. lactis.
  • Cultivos termófilos como Streptococcus thermophilus y Lactobacillus spp. como Lb.  helveticus y Lb. delbrueckii subsp. Lactis son menos tolerantes a la sal que cultivos del género Lactococcus spp. (no mayor a 6% S/H)
  • Las NSLAB (bacterias lácticas no iniciadoras) son más tolerantes a la sal que los lactococos iniciadores, y la mayoría de las cepas son capaces de crecer al 6% S/H y algunas al 8% S/H.

Esté listo para atender las demandas de los consumidores por lácteos de próximo nivel. Novonesis te ayuda a resolver dilemas entre la salud y la indulgencia ofreciendo experiencia en la selección correcta de condiciones de procesamiento y coagulantes, cultivos iniciadores y de maduración.

Referencias

BERESFORD, T.P. y WILLIAMS, A. (2004). La microbiología de la maduración del queso, en Queso: Química, Física y Microbiología, Volumen 1 – Aspectos Generales, 3ª ed., P.F. Fox, P.L.H. McSweeney, T.M. Cogan y T.P. Guinee (eds.), Elsevier Academic Press, Amsterdam, págs. 287±317.

GUINEE, T.P. y Fox, P.F. (2004). Sal en el queso en Queso: Química, Física y Microbiología, Volumen 1 – Aspectos generales, 3ª ed., P.F. Fox, P.L.H. McSweeney, T.M. Cogan y T.P. Guinee (eds.), Elsevier Academic Press, Amsterdam, pp. 207±260.

MCMAHON, D.J., C.J. Oberg, M.A. Drake, N. Farkye, L.V. Moyes, M.R. Arnold, B. Ganesan, J. Steele, and J.R. Broadbent. 2014. Effect of sodium, potassium, magnesium, and calcium salt cations on pH, proteolysis, organic acids, and microbial populations during storage of full-fat cheddar cheese. J. Dairy Sci. 97:4780-4798. doi:10.3168/jds.2014-8071

AGARWAL, S., D. McCoy, W. Graves, P.D. Gerard, and S. Clark. 2011. Sodium content in retail cheddar, mozzarella, and process cheeses varies considerably in the United States. J. Dairy Sci. 94:1605-1615. doi: 10.3168/jds.2010-3782

VILLEGAS DE GANTE, Abraham (2012). Tecnologia Quesera, 2da Ed, Trillas, Mexico, pp. 214-218.

HA-LA BIOTEC

Autora: Giovana Aguilar Lazcano
Coordinación
y Edición: Raquel Chiliz
Consultoría: Viviana Bruno
Edición gráfica: Cia da Concepção

Este boletín es una comunicación entre empresas sobre ingredientes para bienes de consumo. No está destinado a consumidores de bienes de consumo final. Las declaraciones presentes en este documento no son evaluadas por las autoridades locales. Cualquier reclamo realizado en relación con los consumidores es responsabilidad exclusiva del comerciante del producto final. El comerciante debe realizar sus propias investigaciones legales y de adecuación para garantizar que se cumplan todos los requisitos nacionales.

Read More

Edición 21 Home Cono Sur

Cultivos YoFlex® Premium
Aplicación de cultivos texturizantes en yogur bebible reducido en grasa

Novonesis invierte fuertemente en la exploración y desarrollo de cultivos robustos y también en recursos para aplicarlos en productos de alta rotación y consumo masivo en la región como el yogur bebible. Al respecto, el Centro Regional de Aplicaciones de Novonesis en Argentina realizó trabajos de aplicación de cultivos texturizantes en yogures bebibles reducidos en grasa para compararlos con la misma receta, pero con la cantidad de grasa habitual. El objetivo de este boletín es presentar los resultados del estudio conducido internamente.

Síganos en las redes sociales